Eduardo Jáudenes de Salazar (CEO de ESCENADEI)

El manto y su ojo es una alegoría flamenca sobre la urgencia de volver a sentir, de perderse, de asombrarse.
El espectáculo nace del deseo urgente de bailar y cantar los paradigmas que atraviesan nuestro tiempo: sociales, éticos, estéticos, políticos y existenciales. A partir del pensamiento de María Zambrano, especialmente su defensa del sueño, la interioridad y la razón poética, esta obra se posiciona como una respuesta sensible frente a un mundo hipervisibilizado y gobernado por el artificio tecnológico. En una era donde la vida se ha vuelto espectáculo de consumo, donde el deseo ha sido secuestrado por los algoritmos y la atención por las pantallas, el sueño -como espacio sagrado, misterioso, orgánico- emerge en esta pieza como lugar de resistencia y regeneración. En escena, Eduardo Guerrero se abandona al descanso, y desde ese abandono brota una dramaturgia simbólica, onírica y profundamente humana, donde el cuerpo baila lo que las palabras no alcanzan a decir.
Las cobijadas de Vejer, con su manto y su ojo oculto, se convierten en emblema de una interioridad protegida: mujeres que se refugian en la sombra no para desaparecer, sino para preservar lo más vital.
Cuando vemos este espectáculo y vivimos la borrachera de los sentidos, que nos enseña a vivir, comprobamos la diferencia entre espectáculo, arte y arte fascinante: el espectáculo se convierte en arte cuando absorbe los sentidos del espectador y el arte en fascinante, cuando además de los sentidos absorbe su alma y consigue abrir los corazones a la emoción, parece que la técnica lo abarca todo pero de nada sirve si no está al servicio del arte, ese pequeña línea, pero importantísima, que separa el mero espectáculo del arte fascinante, eso solo se logra cuando se interpreta con amor, buscando la perfección, la belleza y el buen hacer, se da plenamente en este espectáculo, donde prevaleció en todo momento la estética, la pasión y el buen flamenco.
Flamenco, lleno de arte, poesía, virtuosismo, emoción, embrujo, colorido, belleza, fuerza, calor, alegría, pureza, alma flamenca, donde los intérpretes viven apasionadamente lo que cantan e interpretan y saben transmitirlo a los espectadores.
El espectáculo es de asistencia obligada para todos los amantes de la música y la danza en general y el flamenco en particular.
No dejen de ir a los Teatros del Canal.
Cante: Alicia Morales, Julia Acosta, Lincy Fernández,
Mariana Collado, Pilar Sierra, Samara Montañez
Guitarra: Pino Losada
Baile: Eduardo Guerrero y Julia Acosta
Dirección: Eduardo Guerrero
Dramaturgia y dirección: Rolando San Martín
Música original y composición musical: Pino Losada
Composición musical: Luis de Perikín
Espacio sonoro: Bruno Gonzalo
Coreografías: Eduardo Guerrero
Coreógrafa invitada: Mariana Collado
Diseño de iluminación e iluminador: Rafael Gómez
Dirección técnica y sonido: Félix Vázquez
Diseño de vestuario: CRIN Escénica y Paloma de Alba
Calzado: Begoña Cervera
Fotografía: Ana Palma, Lucrecia Díaz y Tamara Pastora
Vídeos: Buenasombra Films, S.L.
Asistente de producción: Lucas Díaz
Producción ejecutiva, management y distribución:
EG Art Performance Production, S.L.
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