Eduardo Jaudenes de Salazar CEO de CUENTERILLEIRO

El hotel Ritz de Madrid, en los años cincuenta, los dorados de Hoollywood no admitía a los perros ni a los actores. Sólo podía alojarse en el hotel James Stewart que era General de Brigadas de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos y Grace Kelly que era Princesa de Mónaco. Estando de director del hotel Ritz Pablo Kessler, el más longevo de sus directores, Grace Kelly le pide que dejen entrar a su perrito OLIVER, un caniche poodle, regalo de Cary Grant, en el hotel, mascota sin la que no podía vivir.
Pablo Kessler le responde exactamente:
-Como es un perro pequeñito, si usted le introduce en el bolso y no lo vemos, no podemos prohibir que lo meta en la habitación.
Pablo Kessler fue no sólo el director más longevo del Ritz sino que además fue el único director del Ritz y el Palace a la vez, ambos hoteles inaugurados por el Rey Alfonso XIII en 1910 y 1912 respectivamente y ambos fueron hospital durante la Guerra Civil Española. Dalí frecuentaba los bares de ambos, estando hospedado en la Residencia de Estudiantes, hay un documento con dibujo de Dalí y membrete del Palace y un poemita de Federico García Lorca en el que pide a un amigo le preste dinero a Luis Buñuel, que no pasaba por un buen momento económico. Pues bien Pablo Kessler al ser director de ambos hoteles le pide al chef del Ritz que enseñara a hacer las tejas al chef del Palace, pues siempre fueron inmejorables las del Ritz y no tan buenas las del Palace, ni así se consiguió igualar las tejas, siempre fueron mejores las del Ritz.
Herbert von Karajan vino a Madrid con la Filarmónica de Berlín en 1975, y protagonizó una divertida anécdota, al intentar entrar en el restaurante, el camarero no le permitió el acceso, esgrimiendo que las normas del hotel exigían chaqueta y corbata, y el al llevar jersey de cuello alto no llevaba corbata. Karajan visita a Pablo Kessler, el director del hotel Ritz, que como siempre, escrupuloso cumplidor de las normas pero a la vez muy práctico en sus resoluciones, le dijo:
-El protocolo del hotel exige chaqueta y corbata, hay que cumplirlo, nada dice que hay que llevar camisa, como no tiene corbata, yo le regalo esta- saca del cajón de su mesa de despacho una corbata azul marino y se la dió a Karajan- se la pone encima del jersey de cuello alto y ya puede entrar en el restaurante.
Y así entró Herbert a cenar en el restaurante del Ritz, con jersey de cuello alto y la corbata azul marino encima.
Cuando el brillante director de la Filarmónica de Berlín, por cierto, la mejor orquesta del mundo, volvió en 1984 donde el publico le brindó un aplauso de más de 10 minutos, se cuidó mucho de traer su corbata, regalada por Kessler, al que nada mas entrar en el hotel, se la enseñó puesta.
Ava Gardner, que no era ni princesa ni militar, se hospedaba en el Hilton, hoy Castellana Intercontinental, avisan al botones que fuera a la habitación de Ava, al llegar, ante su asombro, le abre la puerta, medio desnuda, llevaba una bata que se le abria a cada poco mostrando su bellísimo cuerpo escultural, la actriz que con un collar de brillantes en la mano, le pide que le ayude a colocárselo. El botones, tembloroso, estaba ante el entonces llamado animal mas bello de la tierra, tardo en conseguir abrochar las dos pequeñas partes del collar, cuando lo hizo, Gardner se volvió y le dijo:
-Gracias.
Derretido de la emoción, el joven botones salió corriendo a contarlo.
El fundador del restaurante Jockey, Cloroaldo Cortés, empezó a trabajar de camarero en el hotel Ritz, le metía prisa a un Chef para que sacara un plato que le habían pedido. El chef cogiendo con una servilleta el plato, se lo ofreció a Cloroaldo que, lo tiró al suelo quemándose las manos pues, se lo ofreció el chef muy caliente, mientras le decía:
-Para que aprendas, que cada plato exige su tiempo.
Cortés tardo semanas en curar las quemaduras y nunca más volvió a meter prisa a un chef. Así se aprendía antes.
La mítica frase de la siesta de «pijama, padrenuestro y orinal» que pronunció el célebre escritor y Premio Nobel español Camilo José Cela, dio lugar a que el Hotel Palace ofreciera, durante algún tiempo, la posibilidad de dormir la siesta dándote un orinal y un pijama. La idea partió de Alicia Romay Córdova. directora de prensa y relaciones públicas tanto del propio Hotel Palace de Madrid como la dirección de relaciones públicas a nivel regional para toda España y Portugal de la entonces cadena propietaria, Starwood Hotels, cuando lo propuso a los magnates estadounidenses de la cadena, en su sede central en la ciudad de Stamford, Connecticut, todos creían que se había vuelto loca, pero convenientemente explicado, lo aceptaron.
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