Eduardo Jáudenes de Salazar (CEO de ARTEDEI)

Más importante que el nacimiento de una nueva estrella en el firmamento es la existencia de este gran artista Álvaro Rodríguez Rica que nace en Madrid en 1977. Su padre, el pintor Manuel Antonio Rodríguez, le transmitió el amor a la pintura desde muy pequeño. A él le acompañaba siempre: para hacer de modelo cuando ejercía de retratista en el parque del Retiro o en los paseos marítimos del País Vasco antes de que aparecieran los primeros clientes, acompañándolo por España con sus aparejos de acuarela, visitando estudios y exposiciones de pintura, etc… Ya a los nueve años le regaló su primer juego de pinceles y óleos.

También de su padre heredó la fascinación por todo lo que se podía ver, oír, tocar, y oler… por todo lo mecánico: por desarmar coches, relojes, cámaras de fotos… Esto en la pintura se tradujo en el deseo de pintar lo que realmente existe, esto es, en pintar del natural. Empezó dibujando flores, estatuas, edificios… pero lo que realmente le hacía feliz era retratar personas, con lo que sin más remedio, acabó pintando en el Circulo de Bellas Artes modelos del natural convirtiéndose el Círculo en lo que él considera: “mi segunda casa”.

Como retratista Álvaro Rodríguez Rica destaca su técnica impresionista, pincelada suelta, enérgica, expresiva y rápida. Esta rapidez le permite captar la «luz instantánea» y la actitud espontánea del modelo, evitando la rigidez de los retratos de estudio convencionales.
Huye del retrato con foto y lo hace del natural, sus retratos respiran vida, busca la expresión natural y la psicología del retratado. Sus retratos reflejan una gran dignidad y frescura.
Su técnica se caracterizaba por marcados contrastes de luz y sombra, desplazando los colores locales hacia amarillos en las zonas iluminadas y hacia azules o violetas en las sombras, lo que aporta vibración y vida al lienzo.
Álvaro Rodríguez Rica admira profundamente a Sorolla, de quien hereda la maestría en la composición y la capacidad de situar a la figura en el espacio con una atmósfera palpable.

Mientras tanto, tuvo la enorme suerte de tener como maestros a Amaya Gurpide y a Jordan Sokol, profesores de la Academia de Florencia que, con gran cariño e infinita generosidad, consiguieron transmitirle técnica (o libertad), pasión y sensibilidad para poder ver el encanto escondido dentro de cualquier objeto o persona.

Pero si bien, la pintura del natural es el único instrumento plástico que permite captar la esencia de una persona, había instantes que no se podían retener con la pintura por el largo tiempo que demandaba. De ahí surgió la pasión por la fotografía. Pero tenía que ser una fotografía sincera y fiel a la realidad, sin retoques. Además, tenía que poderse ver, oír, tocar, y oler… de ahí que tuviera que ser fotografía química. Con cámaras que, necesariamente el recupera con su facilidad para desarmar y hacer útil las cámaras adquiridas que tuvieran algo de historia e intrahistorias que contar: cámaras del siglo XIX, de la Primera y Segunda Guerra Mundial, de la era espacial… en definitiva, de los grandes acontecimientos de la historia.

Actualmente combina la pintura del natural, en el Circulo de Bellas Artes y en su propio estudio, con la fotografía química y el piragüismo…, para despejar la mente (fue del Equipo Nacional de Piragüismo durante 10 años participando en 8 Mundiales absolutos, entre otros)
Álvaro Rodríguez Rica es un artista preparado, con calidades extraordinarias, luciendo primorosa y riquísima técnica, plural variedad de matices y personalidad arrolladora.

Luce calidades de color, dibujo, imaginación y exquisitez admirables.
Abordando detalles que avalan su clase. Libertades en el uso de la forma y el color que se integran perfectamente en el conjunto.

Dueño del color en los momentos más poderosos como en los más finos y delicados

Posee un estilo vivo, que nos llena con una sola mirada y de expresión intensa.
Artista que en cada cuadro nos transmite emociones físicas a través del dibujo, el color y su energía, pues el artista objetiviza su espíritu en cada obra.
Álvaro busca denodadamente la belleza, para conseguir que los demás sean más felices.

Es un excelente dibujante y el dibujo es la esencia de la identidad del artista.
Pleno de vida, gradación, color, fuerza, sin desmesuras, riquezas de intenciones y planos, en el que todo se midió cuidadosamente en la reproducción virtuosista.
La memoria existe para reconocer la belleza.
Las almas de los hombres necesitan la belleza.
El contemplar la obra de Álvaro Rodríguez Rica nos produce experiencias sublimes.
Artista que pinta con precisión y oficio.
Viendo la obra de Álvaro Rodríguez Rica comprendemos porqué el arte es un lugar donde todos nos encontramos para ser más humanos, más cercanos y más felices.
Sus cuadros son memorables, en versión de belleza indescriptible, porque siempre es difícil de encontrar el reflejo pleno del logro artístico, tan raramente alcanzado, pero que en las obras de Álvaro Rodríguez Rica se consigue planamente.
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